Las cabañas del señor Macondo
Hermano aquí me enseñaron los secretos de la vida; los secretos del campo… hasta los diecisiete años. Después de los diecisiete llegó el desplazamiento; llegó la violencia y acabó con esa felicidad.”
Giovany
Villa Arteaga, Mutatá

Mr. Macondo’s cabañas: “Brother, here they taught me the secrets of life; the secrets of the countryside… until I was seventeen years-old. After seventeen years the displacements came; the violence came and finished-off our happiness.”
Perder es una colección de cuentos de vidas y sustentos perdidos durante el conflicto armado en el campo Colombia. Es un viaje por unas pocas de las muchas comunidades abandonadas a la guerra en Magdalena Medio y Urabá/Dabeiba, donde sufrían varios masacres, desplazamientos forzados y combates desde la mitad de los 90 hasta la mitad de los 2000.

Mi travesía por estas comunidades nació en las entrevistas hecho con desplazados en las ciudades y pueblos grandes, las cuales me llevaron a conocer estos territorios de donde habían huidos, dejando atrás propiedades, cultivos, familia cuando sus comunidades fueron fragmentadas y dispersadas por la guerra.

Millones de personas han sido desplazadas durante décadas de conflicto armado en Colombia y, desgraciadamente, muchas comunidades rurales, algunas retornadas, siguen en situaciones precarias donde estén obligados a convivir con grupos armados ilegales.

Y todavía ocurren los desplazamientos forzosos con alguna frecuencia en Colombia, y siguen acumulando las historias de injusticia y sufrimiento en el campo Colombiano.

El Proyecto fue apoyado por el Museo de Antioquia en Medellín y la material fue recolectada en 2008 durante tres semanas de trabajo de campo.
Perder (Lost) is a collection of stories of lives & livelihoods lost during the armed conflict in rural Colombia. It is a journey through a few of the many deserted communities of the Middle Magdalena valley and Urabá/Dabeiba regions, both of which suffered numerous massacres, forced displacements & combats from mid 90s to mid 2000s.

By following-up on the testimonies of displaced persons I had interviewed, I travelled to the villages they had been forced to abandon, leaving behind properties, crops, friends and family as their communities were fragmented and dispersed by the war.

Millions have been displaced during decades of armed conflict in Colombia and, unfortunately, many rural communities continue in a precarious situation, as they remain obliged to cohabit with illegal armed groups. Many have returned to their former communities; and many have not.

And still forced displacements continue with some frequency in rural Colombia, and new stories of injustice & suffering continue to be made.

This project was supported by the Museum of Antioquia in Medellín and the material gathered during three weeks of fieldwork during 2008.
La Masacre de Villa Arteaga y Bejuquillo The Villa Arteaga & Bejuquillo Massacre
Cuando paramilitares llegaron a Bejuquillo en la madruga del 10 de julio de 1996 sacaron la gente de sus camas y la fusilaron en el asfalto de la carretera. Era el época de la “Pacificación de Urabá” y la muerte violenta era común. Los paramilitares de las ACCU disputaban el territorio, tradicionalmente controlado por las FARC, y dentro de su perversa lógica cualquier quien no apoyara su causa anti-guerrilla fuera también un enemigo - un blanco legítimo.

El masacre fue cometido por el Frente Arlés Hurtado del Bloque Bananero, al mando de Raúl Hasbún, alias Pedro Ponte o Pedro Bonito, un empresario y terrateniente de la región. Ellos supieron a que iban - una caza de civiles indefensos - y salieron sin afanes al tercer día, dejando las poblaciones de Bejuquillo, Villa Arteaga y Caucheras vacías.
Los vivos se huyeron hacía Medellín o más allá, y muchos no han vuelto. En su ausencia algunos predios fueron vendidos (a precios bajos) y otros usurpados. Un día, años después, una excavadora mandado por un terrateniente niveló la mitad de las casas de Bejuquillo, borrándolo del mapa. Ahora es un potrero para ganado.
The paramilitaries arrived in Bejuquillo at dawn, taking the people from their beds and executing them on the tarmac of the main highway. It was the era of “The Pacification of Urabá” and violent deaths were common in the region. Paramilitaries of the ACCU disputed the territory, traditionally controlled by the FARC, and within their perverse logic anyone who did not support their anti-guerrilla fight was their enemy - a legitimate target.

The massacre was committed by the Arlés Hurtado Front of the Banana Bloc commanded by Raúl Hasbún, alias Pedro Ponte o Pedro Bonito, a landowner & businessman of the region. They knew what they were going to - to gun-down of defenceless civilians - & they left unhurried on the third day, leaving the populations of Bejuquillo, Villa Arteaga & Caucheras deserted.

The survivors fled to Medellín or even further, and many have not returned. In their absence some plots were sold (cheaply) and others usurped.

One day, years later, an earthmover levelled half of Bejuquillo, wiping it from the face of the earth. In its place, cattle now graze.
El inicio del fin
"El día del masacre... todo el mundo con el costalito y chao! Primero mataron a Don Hernán Arias y después los señores Miguel Gonzales y Piedad Carmona fueron acribillados aquí en este punto... en este sitio. Los sacaron de allá [la casa]. Estaban durmiendo. No sé cuales fueron las preguntas. Los caminaron hasta cierto punto, volvieron, los trajeron y los acribillaron delante de sus tres hijos. Eso fue el terror más grande: Doña Piedad y Don Miguel? Era una paraja cristiana; una pareja ejemplar; muy emprendedora! Cómo así? Si a ellos sí... a quién no?"
Giovany
Villa Arteaga, Mutatá

The beginning of the end: “On the day of the massacre everyone took their bags - and ciao... the most terrifying thing was [that they killed] Don Miguel and Doña Piedad... They were a Christian couple; a good example; industrious. How could it be? If it happened to them, then to whom wouldn't it happen?”
La casa abandonada de Hernán Arias Restrepo [arriba]. El masacre de 11 pobladores inició al amanecer el 10 de julio de 1996 cuando hombres fuertemente armados vestidos en prendas militares llegaron. Despertaron a los campesinos, llevandoles de sus hogares. Primero mataron a Hernán, después a Miguel Gonzales y Piedad Carmona, quienes tenían una tienda pequeña en la autopista Medellín-Urabá, llevandoles a caminar por la carretera antes de volver y acribillarles frente de sus tres hijos.

Un día, años después llegó una excavadora contratado por un terrateniente que había adquirido los terrenos, tumbando las casas al costal oeste de la carretera, practicamente borrando la aldea de Bejuquillo de la faz de la tierra.

The abandoned house of Hernán Arias Restrepo [above]. The massacre of 11 villagers began at daybreak on the 10 of July 1996 when a heavily-armed group of men dressed in combats arrived, waking villagers and taking several of them from their homes. First they killed Hernán, and then Miguel Gonzales and Piedad Carmona, who ran a small shop on the main Medellín-Urabá highway, taking them from their home and walking them back and forth along the road. Then they returned them to where their three children waited and gunned the couple down in-front of them.

One day, years later a bulldozer contracted by a large landowner, who had aparently acquired the land, arrived and flattened the homes on the western side of the highway almost completely erasing the hamlet from the map.
Bejuquillo, la aldea casi completamente borrada del mapa.
Bejuquillo, the village almost completely erased from the map.
El caucho
“Todo el mundo teníamos las tierritas, vivíamos de los cultivos de caucho. Todo el mundo vivimos muy buenas hasta que comenzó la violencia y empezó el desplazamiento. De aquí para allá ya fue más difícil para nosotros. Ya comenzó todo lo difícil; ya la salida hacia la ciudad que nunca conocimos y nos tocó vivirla. Vivíamos muy buena: todo lo teníamos y, desafortunadamente, todo lo perdimos. Yo tenía un terreno, pues, debido a la violencia yo deje eso abandonado y luego yo con el desplazamiento tenía que venderlo, y a menos precio. Me tocó regalar eso - en la ciudad uno viviendo embalado por allá… y ya, con el poquito que quedó ya eso se fue en pagando arriendo en la ciudad hasta que ya terminamos ya a un lado al otro.”
Bernadino Torres Güisao
Caucheras, Mutatá

Rubber: “We all had a some land & lived from the rubber crop. We lived very well until the violence began... & the displacements. To go from here to there [Medellín] was the most difficult for us. It got very difficult: we had to leave for the city that we had never known, and we had to live there. We had everything we needed here and then we lost it all. I had a plot of land &, because of the violence, I had to abandon it & later, when I was displaced, I had to sell it for less than it was worth. I gave it away! In the city we lived hand to mouth and the little money that remained went to pay the rent in the city until we ended up wandering from place to place.”
La planta de producción de caucho en la aldea de Caucheras, la cual fue abandonada por la violencia del llamado "Pacificación de Urabá" en los años 1990. Antes de esta violencia, los pueblerinos cultivaban caucho en lotes pequeños, los cuales daba para sustentar unas 500 personas. Hasta una empresa de los EEUU tenía un laboratorio de investigación de caucho en el caserio que en ese entonces tenía una pista de aterrizaje para avionetas. Hoy en día las instalaciones están abandonadas y el caucho no da para sostentar la población, la mayoría de cual no ha vuelto. Muchas familias fueron obligadas vender sus casas y terrenos para poder pagar arriendos en las ciudades durante el dominio paramilitar en la región.

The abandoned rubber plant in the village of Caucheras, which was gradually deserted as the violence took hold during the “Pacification of Urabá” in the 1990s. Before the violence, the locals cultivated and made their livelihoods from their rubber smallholdings, which provided for more than 500 people. A US company even had a rubber research laboratory in the village that once boasted its own airstrip. Now the installations used for processing the natural rubber are overgrown and unused and the few locals who have returned to the area struggle to make a living from subsistence crops and the remaining rubber trees. Most families did not return to the village, many of whom were obliged to sell land and homes to pay rent in the cities during the paramilitary dominance of the area.
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La Masacre de La Balsita The La Balsita Massacre
La masacre de La Balsita fue anunciado, pero el Estado colombiano no respondió a las denuncias de las comunidades. Un grupo armado (paramilitares derechistas de la ACCU) había amenazado las poblaciones de la zona por “ser alcahuetas de la guerrilla” desde el 20 de julio, 1997. Cuando el 23 de noviembre los paramilitares entraron y empezaron su recorrido macabro de muerte y tortura, muchas campesinos lograron salvarse por el aviso de los guardias que las comunidades habían colocado alrededor de sus comunidades. Desde hace meses habían dejado de dormir en sus casas por las amenazas de los paramilitares.

Más de mil campesinos huyeron hacia el casco urbano de Dabeiba durante el masacre que dejó un saldo de 18 asesinados y 3 desaparecidos. Las Fuerzas Armadas Colombianas llegaron después de la masacre que duró cinco días.
La mala hora
Escrito borrado en la puerta de una casa. La municipalidad fue escena de un largo masacre de campesinos por paramilitares entre 1997 y 1999, cuando fueron cometidos unos 300 asesinatos. En los días anteriores a los primeros asesinatos, notas y grafitis amenazantes fueron dejado para la población.
La Balsita, Dabeiba

In evil hour: Paint daubed on a shuttered house. The municipality was the scene of a prolonged massacre of peasant farmers by right-wing paramilitaries between 1997 and 1999, a period that saw some 300 murders. In the days of the first killings, intimidatory graffiti and notes were left in the communities.

The La Balsita massacre was announced, but the Colombian State did not respond to the complaints & fears of the communities. Right-wing paramilitaries of the ACCU group had threatened the populations in the zone for "being collaborators of the guerrilla" since 20th July 1997. When on the 23 November the paramilitaries arrived & started their macabre tour of death & torture, most peasants managed to flee, warned by the guards they had posted around their communities since the first threats. Since months previous they had not slept nor stayed in their homes at night for fear of an attack.

More than one thousand people fled to the small town of Dabeiba during the massacre which left 18 murdered & 3 disappeared. The Colombian Armed Forces arrived after all had finished 5 days later.
Cinco Días en Noviembre
El Domingo incursionan por el río un grupo numeroso quienes se identifican como “ACCU”. Más de 30 casas son quemadas y mil personas son desplazadas. Domingo - los cuerpos sin vida de Ananías Güisao Úsuga, Milton David y Pedro Montoya aparecen con signos visibles de torturas, descuartizados, quemados con ácido y degollados. Lunes - los vecinos de Alejandro Huiguita encuentran su cadáver con señales de tortura y marcas de cuerda en el cuello. Rosalba Úsuga y su hijo Joaquín son asesinados frente de los otros tres hijos de Rosalba. Martes - a Simón Torres Cardona le amarran y le vuelan con una carga de dinamita. En la tarde “desaparecen” a Reinaldo Ramírez. Luz Eneyda y Marco Duarte son asesinados con disparos de fusil, sus cuerpos son comidos por los gallinazos. Miércoles - A Heriberto Areiza le encuentran con un tiro en la cabeza y sin los ojos. Jesús Areiza es detenido, torturado, colgado y ahorcado. Degüellan a Ricaurte Monroy Areiza luego de quitarle los ojos y de quemarle las piernas con ácido. Jueves - Oscar Valderrama y su hijo Alfonso, miembros de la iglesia Pentecostal, son asesinados con armas de fuego.
La Balsita, Dabeiba
Five Days in November: On Sunday 23rd November right-wing paramilitaries of the self-named ACCU enter the community & burn more than 30 houses. That same day the bodies of Ananias Güisao Úsuga, Milton David & Pedro Montoya are found with signs of torture, hacked to pieces, burnt with acid & with their throats slit. On Monday, Alejandro Higuita’s corpse is found by his neighbours with signs of torture & with rope marks on his neck. Rosalba Úsuga & her son, Joaquín, are killed before three of Rosalba’s children. On Tuesday, Simón Torres Cardona is tied to bridge & blown up with a dynamite charge. In the afternoon Reinaldo Ramírez is ‘disappeared’. Luz Enyda & Marco Duarte are shot dead; their bodies later eaten by vultures. On Wednesday Heriberto Areiza is found with a shot in the head & without eyes. Jesús Areiza is captured, tortured, hung & strangled to death. Later, 16 year-old Ricaurte Monroy Areiza has his throat slit after having his eyes gouged out & his legs burnt with acid. On Thursday Oscar Valderrama & his son, Alfonso, members of the Pentecostal Church, are shot to death.
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La Llorona
La Lorona donde un barranco de doscientos metros en una estrechura entre Dabeiba y Mutatá, sitio de varios combates entre el ejército y la guerrilla. Grupos paramilitares mataron y desaparecieron docenas de victimas en este trecho de carretera, muchos cuerpos fueron arrojados a las aguas del Río Sucio desde este punto.
La Llorona, Mutatá

A steep gorge that descends over two hundred meters to the Rio Sucio (Dirty River). Paramilitaries brought many dozens of their victims to the precipice of La Llorona to cast them into the waters of the River Sucio (Dirty River) in the abyss below.
La escuela rural / Rural school
Vallesi, Mutatá
Llegan los armados
"Si no hacen caso de lo que decimos, la vamos a violar. Si no lo hacemos nosotros, lo hacen los que vienen detrás de nosotros."
Del testimonio de una joven campesina en Antioquia violada por paramilitares

The armed men arrive: “If you don’t do what we say then we’re going to rape her. And if we don’t do it, those that come after us will.”
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Cuatro Bocas, Yondó

El 5 de mayo del 2000 paramilitares llegaron en tres embarcaciones al corregimiento de Cuatro Bocas en las orillas de Río Cimitarra. Preguntaron por "la co-operativa de la guerrilla" - la cual era la de los campesinos de la zona para comercializar y intercambiar sus productos - y la saquearon y la quemaron. Cuando salieron el día 7 de mayo, dejaron un pueblo semi-destruido, dos campesinos muertos y habían forzado a desplazarse a toda la comunidad. También, por temer de un ataque guerrillero durante su retirada, llevaron como rehenes a 80 campesinos. El sitio de Cuatro Bocas hoy sigue abandonado.
Sano y cómodo
“Este era un pueblo hasta muy sano. Este era muy sano. Eso allí no se veía problema de nada, hasta cuando... ya... pues. Que ya aparecieron estos grupos al margen de la ley, y se acabó todo. Al último nos tocó salirnos, porque nos dijeron que teníamos que salir. Entonces nos salimos. Pero fue un pueblo de mucho ambiente. De mucho ambiente porque se veía la plata. Sí, se veía la plata. La gente pescaba; la gente conseguía buena plata; había buen pescado; la gente trabajaba mucho la agricultura - la yuca, el maíz, el plátano, toda esa vaina para que muy bueno y… pero… se acabó. Sinceramente se acabó. Eso ya hoy en día no existe.”
Remberto
Cuatro Bocas, Yondó

Safe and sound: “This was a very good town, it was very good, & there were no problems until when, well, the illegal armed groups appeared & everything ended. In the end we had to leave because they told us that we had to leave. So we left! But it was a town with lots of life, lots of life because there was money. Yes, there was money. We fished; we made good money; there was good fishing; we worked hard cultivating the land – yucca, corn, plantains, we grew all of that so that… well… but it ended! Sincerely it all ended. Today it no longer exists!”
On the 5th May of 2000, paramilitaries arrived in three boats to the village of Cuatro Bocas on the shores of the Cimitarra River. They asked for the "guerrilla co-operative", which was just the community farmers' co-operative to comercialise and exchange their products. When they left on the 7th, they had killed two farmers, burnt and plundered the co-operative and obliged the people to flee. They also took 80 farmers hostage to cover their retreat for fear of a guerrilla attack. The site of Cuatro Bocas remains abandoned.
Botellas de cerveza donde don Remberto tomaba con amigos y vecinos al fin del día.
Cuatro Bocas, Yondó

Beer bottles left where don Remberto used to drink with friends and neighbours after a day of work.
La Escuela / School
Cuatro Bocas, Yondó
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Villanueva, sur de Bolívar Villanueva, Southern Bolívar

El sur de Bolívar siempre fue zona receptor de campesinos huyendo la violencia en otras partes del país. La primera ola de migración fue en los años 50 durante La Violencia, la segunda fue lo de desplazados provenientes de otras partes donde había una intensificación del conflicto armado en los medianos de los 90.

Los campesinos de la región se dedicaban a agricultura de pancoger, la minería de oro y, últimamente, la cultivación de hoja de coca. Durante los años de bonanza de coca, Villanueva tenía tres restaurante-bares y dos burdeles. La plata sobraba y cientos de ‘raspachines’ (recogedores de hoja de coca) frecuentaba la vereda por sus servicios.

Pero cayó de su auge con la llegada las fumigaciones aéreas de cultivos de coca, parte del Plan Colombia, y las incursiones de paramilitares, ambas provocando desplazamientos.

Villanueva sufrió su primer desplazamiento después de combates entre la guerrilla de las FARC y paramilitares en noviembre de 1999. En Mayo de 2004, en pleno proceso de paz entre el gobierno de Uribe Vélez y paramilitares de las AUC, 400 paramilitares tomaron la zona de Villanueva y otros corregimientos alrededor, matando dos campesinos y torturando otro. Doscientos de ellos quedaron en Villanueva por cinco días, tiempo a lo cual saquearon el pueblo, quemaron casas y aseguraron que la gente abandonará sus hogares y huir de la zona.
El pueblo desolado
“Fuimos desplazados y volvimos a cultivar la tierrita otra vez porque de todas maneras todo se fue en un conflicto de violencia y los grupos armados, pues, acabaron con todo. Tocó salir otra vez y volver a venir otra vez. Y allí pues, allí estamos... En el pueblo había 150 personas en el caserío… y eso se acabó. Y ahora somos como cinco o seis familias aquí. Perdimos todo y nos toca empezar otra vez.”
Villa Nueva, San Pablo

The desolate“We were displaced & we returned to work the land again because anyway, everything went in a violent conflict and the armed groups, well, they destroyed everything. We had to leave again & come back again. And there we are then! In the town there were 150 people… & it ended. And now here we are around five or six families. We lost everything & we had to start all over again.”

Southern Bolívar has always been a region that has received displaced farmers. The first migration wave was during La Violencia in the 1950s, the second in the mid-90s as the conflict intensified in other parts of the country.

The region is one of subsistence farming, mining &, latterly, coca leaf cultivation. During the years of the coca bonanza in the mid-90s & 2000s, Villanueva had three bar-restaurants and two brothels. There was money aplenty and hundreds of coca harvesters would frequent the village for its services. But it fell from its apex with the arrival of the aerial fumigations, part of the Plan Colombia, and the incursions of right-wing paramilitary groups, both of which provoked forced displacements.

Villanueva suffered its first displacements after combats between guerrillas and paramilitaries in November of 1999. In May of 2004, during the then peace process between the government of Álvaro Uribe Vélez and AUC paramilitaries, it was occupied along with surrounding villages by 400 paramilitary troops who killed two farmers and tortured another. Two hundred of the paramilitaries occupied Villanueva for five days, time in which they burnt houses, plundered & assured the flight of its inhabitants.
La casa de don Carlos / Don Carlos' house
Villa Nueva, San Pablo
Añoranzas
“Antes eso fue muy bonito porque aquí habían almacenes, habían restaurantes, había un puesto de salud… una promotora. Había buena pesca, habían negocios y hoy en día no hay nada. Todo está acabado.”
Miriam
Villanueva, San Pablo

Nostalgias: “Before it was nice here as there were shops; restaurants; there was a health post; a health worker; there was good fishing; there were businesses. And now there is nothing. It’s all finished!”
El puesto de salud
“Cuando los paracos regresaron ellos acabaron con todo. Me dieron contra el suelo; el televisor lo dañaron; el equipo lo partieron; el motor me dañaron. Todo, todo, todo, todo... El puesto de salud, pues… toda la droga lo llevaron; el puesto destruido también… y de aquí para allá no he vuelto a ver esa promotora ni el puesto de salud. Quedó todo destruido.”
Miriam
Villanueva, San Pablo

The health post: “When the paramilitaries came back they destroyed everything. They threw me to the ground; they smashed the television; they smashed the sound system; they broke the motor… everything, everything, everything. The health post, well… they took all the drugs away; they destroyed the place too. And from then until now I haven’t seen the health promoter or the health post. Everything was destroyed.”
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Los Nadie The nobodys
Ya no existe Los Alpes. Hubo un asentamiento de una docena de familias. Alzaron sus tugurios de madera y hojas de palma al lado de la trocha, en un lote sobre un alto. Recién desplazados y despojados, Los Alpes parecía un buen lugar asentarse. Pareció como baldío. Hicieron sus casas y empezaron a sembrar. Pero un empresario y politico local reclamaba el lote y les mandó a salir. Pero no hubo donde irse. Así, se quedaron; hasta que dos de ellos fueron brutalmente asesinados.
La muerte de Adalberto Manjarrez
“Cuando el… el señor nos había amenazado, ya que teníamos que salir porque si no.. al ultimo, al ultimo al reunir o salimos o nos mataba, y como que ninguno le paro bolas, entonces… cuando ya fue que mató, mataron aquel señor quien vivía aquí. Aquí en la casita. Aquí vivía él. Aquí estaba la casa, y aquí estaba la puertica y allí estaba él muerto degollado. … y a todo el mundo nos toco salir.”
Miguel
Los Alpes, San Pablo

The death of Adalberto Manjarrez: “When the... this man had threatened us and told us we had to leave because if we didn’t… in the end… in the end he called us together and said we had to leave or they would kill us. No one took any notice, so… that was when he killed… they killed the man who lived here. Here was his home. He lived here. Here was his house. Here was the door and there was his body with his throat slit... and we had to leave.”
Los Alpes is no more. There was a small settlement of a dozen or so families. They built thatch-hut homes on a small plot of land on a slight rise by the side of a dirt road several kilometres beyond San Pablo. Recently displaced and dispossessed of their lands, Los Alpes seemed a harmless enough place to stay. It seemed like abandoned land. They made their huts and started to sew the land.

However, a local businessman and politician laid claim to the bit of scrubland and sent word that the settlers were to go or face the consequences. But there was no other place to go, so they stayed. Until, that was, two of them were brutally murdered.
La Yuca de Miguel Solórzano “El día que mataron el primero yo había comprado la semilla de yuca para terminar de sembrar la tierra. Nosotros sembramos el arroz, el maíz, la yuca… y de eso sobrevivíamos. Pero ya cuando los muertos… empezó a amenazar… empezó a matar gente y ya... nos tocó desplazar otra vez. Y ahora estamos en el pueblo allí. Pues, a uno le hace falta el campo porque… a mi me hace falta el campo porque yo soy del campo. Soy cultivador imagínese. Tenía un pedacito de tierra para trabajar y ahora no tenemos nada.”
Los Alpes, San Pablo

Miguel Solórzano’s yucca “The day they killed the first one I had bought the yucca seedlings to finish sowing the land. We planted rice, corn, yucca… it was with this that we survived. But when the dead… the threats began… they began to kill people and we had to leave. Displaced again! And now we’re in the town over there. Well, you miss the countryside because… I miss the countryside because I’m from the country… I’m a farmer you understand! I had a little piece of land to work and now we have nothing.”
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Escuela rural / Rural school
Matapique, San Pablo
La finca del desaparecido don Fabio
“Cuando les gustaba una finca abordaba el dueño. Si el dueño decía que no quería vender, ellos decían que tenía que vender “damos tanto por ella, y ¡ya!” La mayoría de estas fincas ahora están en siembra de palma.”
Testimonio anónimo
Monterrey, San Pablo

The farm of the disappeared don Fabio: “When they liked a farm they would approach the owner. If the owner said that he didn’t want to sell, they said that he had to – “We’ll give so much for it, & that’s that!” The majority of these farms are now sown with African palm.”
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La capital paramilitar the paramilitary capital


Los paramilitares del Bloque Sur del Bloque Central Bolívar (BCB) incursionaron en el sur de Bolívar en junio de 1998, y terminando el mismo año entraron a San Blas, la cual hicieron su ‘capital’ en la región. Estratégicamente importante por ser el eje que controla los corredores que comunican las regiones Urabá con el Magdalena Medio, el Catatumbo y la zona de fronteras con Venezuela las tomar la región fue clave para la expansión paramilitar en Colombia al fin del siglo XX.

Bajo el mando de Rodrigo Pérez Alzate, alias ‘Julián Bolívar’ se formó la primera escuela de entrenamiento militar del BCB en San Blas, con una infraestructura para entrenar a 300 hombres, y la "escuela de estudios políticos superiores", en la que participaban los futuros voceros de la organización.

Instalaron un sofisticado centro de comunicaciones para transmisión, recepción y rastreo de información, y tenían una emisora, Colombia Libre. También tenían una fábrica de uniformes, una armería y un hospital donde recibían paramilitares heridos en combates con la guerrilla, y las docenas de sus propios muertos.

Habitantes hablan de grandes fiestas en la cede de los paras, donde asistían prostitutas, políticos, jueces, lideres de comunidades, fiscales, y hasta presentadoras de televisión traídas en avión desde Bogotá. Pero para muchos era su último destino cuando eran convocados o llevados a reuniones en San Blas. Muchos perecieron en la cede del grupo donde existía “la bóveda de la muerte”, una cajón subterráneo de concreto donde no se escuchaban los gritos de los presos que mantenían detenidos. Según versiones, los condenados a morir fueron degollados, decapitados y desmembrados. Los paras eran dioses en el pueblo: con el poder sobre la vida y la muerte, todos tenían que someterse a sus caprichos.
La casa verde
"A Abraham Sánchez y su esposa les tocó irse cuando llegaron ellos. Los paracos tomaron la casa y la pusieron la Casa Verde. Aquí trajeron a Paula. Tenía nueve o diez años. La mama le vendió por.. ¿Cuanto era… por 200 mil? Se la vendió a uno de ellos y… una peladita… la mandaba. La vestía, y la organizaba, y la mandaba. “¡Vaya donde fulano que él le está esperando!”
San Blas, Simití

The Green House: "Abraham Sánchez & his wife had to leave when they arrived. The paramilitaries took over the house & named it Casa Verde. It was here that they brought Paula. She was nine or ten years old. Her mother sold her for… How much? For two hundred thousand pesos? She sold her to one of them &… a young girl… they sent her! “Go to where you’ll find so and so waiting for you!” They dressed her, they made her up & they sent her."


Graffiti: "Triumph or die. Never, never retreat"
La casa de Cecilia
“La historia de Cecilia fue que se fue ella como a las tres de la tarde para traer una yuca de una finca que tenían en las afueras del pueblo. Y cuando se fue, llegaron las seis... las siete de la noche y nada que llegaba. Y los hijos, dos niñas... tres niñas que tenia y un niño junto con el esposo pellizcaron a averiguar y averiguar. Pues, no apareció y al otro día a averiguar y averiguar y no apareció. Como a los ocho días, ya desaparecida fue cuando decían que por allá encontraron un cuerpo en una finca. Se fueron a mirar y era la señora - la mama de los niños. La habían ya desaparecido; la mataron; la… como sacaron los ojos; la abrieron el pecho hasta abajo... como hasta el ombligo por ay… ya la habían hecho muchas cosas… y la encontraron, la trajeron de donde la habían enterrado en un hueco pequeñito… Después los hijos y el esposo se fueron.”
San Blas, Simití

Cecilia’s house: “Cecilia’s story was that she left at around three in the afternoon to bring some yucca that they had on the outskirts of the town. And she went, & it turned six… seven at night & she still hadn’t come home. And the children… two girls… three girls that she had &
a boy went with her husband & started asking & asking. Well, she didn’t turn up & the next day they searched & searched but she didn’t appear. Around a week later, now disappeared, was when they said that over there they’d found a body on a farm. They went to look and it was the wife… the mother of the children. They had ‘disappeared’ her; they had killed her; they had… how they gouged her eyes out; they slit open her belly from the chest to there below… to the belly button & they had done many things to her. And they found her & they brought her from where they had found her buried in a little hole… After that the children & the husband went away.”
The paramilitaries of the Southern Bloc of the BCB (Bloque Central Bolívar) entered southern Bolívar in June 1998 y by the end of the year occupied San Blas, which became their de facto capital in the region. A strategically important zone that connects Urabá with Middle Magdalena and Catatumbo, for the AUC it was a territory essential to their expansion and increased control of coca production in Colombia in the final years of the 20th Century.

Under the command of Rodrigo Pérez Alzate, alias ‘Julián Bolívar’, the BCBs first military training school in san Blas, with an infrastructure for 300 men, & “the superior school of political studies” where future spokesmen of the organisation would attend.

They installed a sophisticated communications centre for the transmission, reception and tracking of information, and a radio station, Colombia Libre. They also had a uniform factory, an armoury and a hospital where they received paramilitaries injured in combats, as well as the dozens of their own dead.

Inhabitants speak of big parties in the HQ of the paramilitaries where prostitutes, politicians, judges, community leaders, fiscals, and even female TV presenters brought from Bogotá in light aircraft would attend. But for many it was their last destination when they were summoned or taken to meetings in San Blas. Many perished in “the death vault”, a concrete subterranean chamber where prisoners would be held. Those who were executed, according to witnesses, had their throats slit, were decapitated and dismembered. The paramilitaries were gods in the town: with power over life and death, all had to submit to their whims.
San Blas, Simití