Las Cuencas Resistentes Curvaradó y Jiguamiandó, el Chocó
Cuando vinieron los armados en 1997, a las comunidades afros, indígenas y chilapas les tocó correr. Algunas fueron asesinados; y la mayoría huyeron hacia los pueblos cercanos, o aún más allá. Algunos - los encaletados - se enterraron en la selva, eludiendo los armados negándose de abandonar sus tierras.

El ejército y los paramilitares se quedaron, y después, en plena guerra, vinieron los empresarios con sus empresas y las ayudas económicas del Estado Colombiano a sembrar palma africana en el Chocó. Palmadó Ltda., Uraplama S.A., Palmas de Curvaradó, Inversiones Agropalma y Cia Ltda., Palmas S.A., Palmas de Bajirá y Inversiones Fregni Ochoa (para nombrar alunos) entraron con maquinas, dibujando carreteras largas y rectas, y zanjas, también largas y rectas que secaron las ciénagas. Cuando antes se huyó la gente, ahora fue el torno de las aves y los peces.

Los empresarios empezaron a producir palma africana en un paisaje ya agroindustrial, lucrándose de los territorios de las comunidades desplazadas que ahora vivía en la miseria en las ciudades grandes o escondidos y temorosos en la selva.

Sin embargo, después de que los paramilitares desmovilizaron como grupo a partir de 2003, las comunidades con sus títulos colectivos volvieron a las cuencas de Curvaradó y Jiguamiandó, tumbaron la palma y retomaron sus finquitas.

Hoy, las comunidades de Curvaradó y Jiguamiandó viven entre el miedo y la incertidumbre, rodeado por los herederos de los paramilitares y con las empresas palma-cultivadoras todavía tras de sus tierras.